La voz colectiva y la voz íntima en la poesía de Irma Pineda

Nick Templeton

El libro de poemas por Irma Pineda que se llama “Guie’ Ni Zinebe: La flor que se llevó,” es una novela en poemas, un gesto singular por lo largo de ciento tres páginas en las dos voces distintas del Español y el Zapoteca, la lengua de la cultura dominante y la lengua materna de la poeta, respectivamente. Además, el libro es un grito de ataque, en este caso con la arma de poesía, una reacción al esfuerza opresivo del estado Mexicano que ha existido por siglos en contra de la lengua y la vida de la gente indígena. Para entender la emoción, el dolor, y la indignación atrás y al dentro de los poemas de Irma Pineda es para entrar en una historia de muchísimos años, una historia colectiva, no solamente de la familia de Irma Pineda, sino de la comunidad zapoteca en total, o posiblemente de toda la gente de múltiples grupos de identidad indígena a través de América Latina.

Sin embargo, el libro de Irma Pineda también es una historia más íntima, la historia de una mujer singular que fue matada por soldados en una comunidad indígena. Según el reportaje de la revista mexicana Proceso:

El 25 de febrero de 2007, Ernestina Ascencio, de 73 años, fue encontrada por sus familiares desvanecida y sangrando, en una comunidad del municipio de Soledad Atzompa, en la Sierra Zongolica, Veracruz, donde cuidaba sus animales.

Incluido en el reportaje también es el hecho inquietante que “antes de morir dijo en su lengua materna: ‘Los soldados se me echaron encima’” (Proceso.com.mx). En este sentido, la poesía de Irma Pineda se puede interpretar como una continuación de la voz de esta mujer, un poema largo en la lengua zapoteca dirigido a los soldados de la boca de la mujer a que le mataron. Es el trabajo de esta voz, de esta hablante, para dar testimonio hacía la meta de justicia, para decir que las soldados tienen culpa en la situación de su muerte, no obstante el hecho de que los encargado del gobierno “no admitir la responsabilidad de elementos del Ejército” (processo.com.mx). Si entendemos esta hablante como Ernestina Ascencio sí misma, esta idea da sentido a la narrativa en primer persona singular, especialmente en poemas como en las páginas 61, 67, y 69 que incorporan la frase “soy la mujer” como una cadencia del libro en total. Ella es la fantasma singular a través del libro.

No obstante, esta historia está contada también en la voz de primer persona plural, como podemos ver en el uso de las palabras “somos” y “nuestra” como introducción en la primera línea de los poemas en páginas 13, 29, 31, y 72. “Quienes somos ahora?” pregunta Pineda antes de una descripción de los intentos del gobierno para eliminar la gente indígena totalmente, para “ocultarnos de la mirada del odio” (13). La respuesta es que ellos son múltiples, un grupo unido en la lucha contra la opresión. El ejército puede eliminar individuos como Señora Ascencio, pero “otros más se levantarán para enfrentar[le]” (13). Esta técnica sirve para ampliar el significativo del libro para incluir la comunidad de mujeres indígenas en total. Como está dicho en el reportaje de Proceso, este asesinato significa más que solo el asesinato de una mujer; es una reflexión de las circunstancias de todas las mujeres indígenas:  

Otro tema crucial que deberá abordarse en este caso es la falta de justicia y de políticas que atiendan las violencias y formas de discriminación que viven las mujeres indígenas, en especial la violencia institucional, así como la impunidad de los perpetradores (processo.com.mx).

Los soldados pueden recibir clemencia del gobierno, pero hay un público de testigos que están luchando por la justicia en un contexto que aumenta cada día. Irma pineda utiliza la voz de sí misma, y de Ernestina Ascencio, pero ella también utiliza la voz de masas.

Este equilibrio entre lo colectivo y lo profundamente íntima es una característica por lo largo del libro de Irma Pineda, una característica que refleje su identidad como una de pocas mujeres escribiendo en idiomas indígenas. Ella tiene su propia historia de violencia de contar (la secuestrada de su padre por los mismos esfuerzos que mataron a Ernestina Ascencio), pero ella también reconoce el poder que lenguaje tiene para cruzar fronteras entre un individuo y una colectiva más amplia. Ella tiene su dolor, y este dolor recibe atención en poemas como lo de página 101, donde ella dirige las primeras líneas a la alma de su padre. Sin embargo, este libreto no es una colección de poemas, sino un poema singular, el poema de su comunidad. Ella reconoce que su dolor solamente es un parte singular de un gran dolor colectivo. Este reconocimiento consciente de Pineda refleje lo que el escritor zoque Jaime Sa’akäsmä define como una característica esencial de las literaturas indígenas en general:

esto es, la mayor parte de los autores en lenguas originarias sabe que su escritura no es un asunto plenamente individual, sino un esfuerzo por nombrar (re-configurar) a sus comunidades y a sí mismos, por lo cual, más que una estética, ensayan un quehacer ético que transita de lo individual a lo colectivo, de lo oral a lo culto, de la representación artística al pensamiento crítico (Tercera Vía).

En un ensayo que se llama “mis dos lenguas,” Irma Pineda da voz a de donde vinieron sus razones por escribir en la idioma zapoteca, diciendo “así que para impedir que mi corazón se marchitara empecé a hacer poemas que leía al viento para no olvidar el sonido del diidxazá y escribía en español para que otros supieran lo que yo quería decir” (Irma Pineda). En el caso de las personas indígenas en México, la gente más oprimida del país, la gente que el gobierno ha intentado a borrar desde el inicio de la colonización, para olvidar el sonido totalmente de sus idiomas propias es como olvidar que esta gente todavía existe; es el último paso de borrar sus huellas de la faz del mundo. El suposición del estado Mexicano siempre ha sido (y el caso de Ernestina Ascencio no fue ningún excepción) que es posible eliminar estos grupos clandestinamente, sin llamar atención a sus acciones, si se puede eliminar la lengua primera. Por esta razón, Irma Pineda reconoce en su libro que “Palabra y memoria son más fuertes que [las] armas,” y son las últimas herramientas de la lucha contra eliminación por la gente indígena. Por eso, Irma Pineda y otras poetas que están escribiendo en lenguas indígenas sobre temas sociales y políticas son el voz colectiva que ha llegado para romper este silencio y regresar significa y vitalidad a las idiomas indígenas, las que son el sangre de las personas indígenas ellas mísmas. Como dice Pineda en página 83, “te pesará mi voz/ una soga pendiente de tu cuello habrá de ser/ un zopilote que ronda/ la carroña en la que has convertido tu cuerpo.”

[1170 palabras]

 

Obras Citadas:

Pineda, Irma. “Guie’ Ni Zinebe: La Flor que se Llevó.” Pluralia. 2013.

Pineda, Irma. “Mis dos lenguas.” Debate Feminista. 2013.

Proceso, “La CIDH examinará al Estado mexicano por la muerte de la indígena Ernestina Ascencio.” 2018

Sa’akäsmä, Jaime. “Escribir en una lengua indígena.” 2018.

 

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